Durante años, el liderazgo se entendió como fuerza, control, resultados.

Pero yo no vengo de esa escuela.

Yo aprendí a liderar desde la empatía, desde la escucha, desde la cercanía.

Porque antes de tener un cargo, fui parte de muchos equipos. Y sé lo que se siente, no ser visto, no ser valorado, no ser cuidado.

Hoy lidero personas, marcas, talentos.

Pero sobre todo, lidero vínculos.

Y he comprobado una y otra vez que cuando cuidas bien, los resultados llegan solos.

Que cuando confías, potencias.

Y que el buen líder no es el que manda, sino el que sostiene incluso cuando nadie lo nota.

No se trata de hacerles la vida fácil.

Se trata de no olvidar que hay una vida detrás del rendimiento.

Y eso, en el mundo del deporte, los medios o la cultura, se olvida muy rápido.

Por eso lidero desde otro lugar.

Y por eso, muchas veces, me escriben después de años diciendo:

“Gracias por cuidarme cuando no sabía ni cuidarme yo.”

Eso es liderazgo. Y no hay KPI que lo mida.

Voy a compartir preguntas que me han ayudado mucho durante mi trayectoria profesional…

Hazte estas preguntas que me han acompañado y ayudado a lo largo de mi carrera profesional.


• ¿Escucho solo para responder o escucho para comprender?

• ¿Sé leer las necesidades emocionales de mi equipo tanto como sus objetivos de rendimiento?

• ¿Cuándo fue la última vez que alguien me agradeció por cuidarle, no por los resultados?

• ¿Qué huella quiero dejar: la de un jefe que exige o la de un líder que sostiene?

Liderar también es cuidar.  By Donato Malango.